Así es que ando con prudencia y guardo la lata. Aún tengo algún tic de temores sospechosos, recuerdo haberme criado frente a pantallas que viven día y noche realidades de funerales y carcajadas. Sin embargo sigo, con gran resto de esperanza.
Soy hombre en plena tercera infancia y si bien más joven que viejo, sé que no puedo pasarme de la raya; Así es que difícilmente retorne a alguna fiesta de la Vela o al Club Paragua. Difícilmente vuelva a danzar allí mi danza.
Pero ya no me escondo en ningún traje, ni empuño ningún arma, aunque siga siendo -quiera o no- hijo de escafandras. Ya no me enamoro treinta veces cada noche y no me olvido de mis amores en la próxima madrugada.
Así es que pertenezco a un círculo divino tierras dentro, de vientos, bodas y carnavales infernales, que de infiernos reales no tienen nada.
Así, pertenezca o no, mi consuelo es esgrimir con paciencia en la mirada que me gusta llevar esto que llamo una vida ordenada.

Resulta que
detrás de la arritmia y la letra
encontré un mundo equilibrado
de charros y bagualas
de amores dulces que no empalagan
silencios replicas silencios
y otra vez palabras
Enmarañadas, hábiles atigresadas
resucitadas y recitadas palabras parias
palabras de a poco, bien luqueadas
y nada raro más que palabras
Que se proyectan en la víspera
de lo nuestro, de lo propio
así se disponen a ser parte de este lodo.
Pero nunca en secreto - porque eso lo detestan.