
Patrioteros. Educados y correctos. Generación tras generación alaban a la Patria. Citan a Sarmiento, Belgrano y Moreno. Y a Dios claro, cuantas veces sea necesario. Se hacen llamar gente de campo.
Pero las gentes de campo que yo conozco (porque vivo allí desde hace un lustro) son muy distintas a ellos. Son mujeres sencillas y humildes. A veces sumisas y otras veces no tanto. Son hombres de lomo y manos curtidas con grietas que dibujan al mismísimo reflejo del sol en sus rostros. Son Pueblo. Raso. Que nació con los pies en la Tierra y hasta hoy sobreviven su vida trabajando en ella.
Cuando era chico -y no tanto- solía jugar al Estanciero; y a decir verdad, sacaba hasta los ojos de cuanto mono hiciera falta por apoderarme de las tierras y los billetes. No contemplaba si otro jugador tenía que abandonar el juego por no tener un peso. Pero siempre supe que estaba jugando.
Los señores abanderados de “la lucha por el campo” están jugando en serio y nunca fueron ni son contemplativos con las consecuencias que “este juego” acarrea (recordemos -si quieren- épocas de cruces y fusiles, o años noventas despojados de piquete rural alguno).
Es ridículo (y entristecedor) ver a la Federación Agraria, Sociedad Rural y por debajo de la tarima a la UATRE (entre otros) diciendo que están unidos porque buscan lo mismo.
Resulta definitivamente absurdo pensar que una organización de pequeños y medianos productores, una de grandes terratenientes y otra de trabajadores rurales tienen los mismos intereses. Porque cada organismo es en sí sustancialmente diferente. O mejor dicho, lo era hasta ahora.
Entonces me quedé en eso de que quieren tenerlo todo. Simplemente porque están en ese viaje en el cual todo lo dicta la economía. Sólo importa maximizar la propia rentabilidad.
Entonces me quedé en eso de que quieren tenerlo todo. Tanto los terratenientes, los petroleros, como todo empresario con mentalidad corporativa. Y a ellos se les suman los sectores medios (¿y los bajos?), que también sueñan con formar parte de la elite financiera (a la que nunca accederemos las mayorías).
Por su lado, “Los K” también practican la acumulación sin límites y lógica de Mundo Empresa, aunque coquetean con la palabra re-distribución no llevan a cabo políticas estructurales en esta dirección.
Así los unos y los otros, quieren tenerlo todo y por ello se pelean.
Nosotros, quienes sospechamos que lo prudente sería que no exista brecha ni económica ni cultural de ningún tipo; nosotros, con opinión formada o sin ella, somos meros espectadores.
Otra vez. Terceros en discordia siempre.